La democracia participativa y el bache

La importancia de las Comunas en una nueva gestión de la Ciudad

Confieso que me resulta difícil volver a los asuntos que me ocupan en esta columna. Por momentos me parecen preocupaciones de un país extraviado, un país que quisimos ser y que nos prometieron que seríamos y que durante unos años, creíamos que éramos: un país normal. Quiero aferrarme a esa creencia. Necesito hacerlo. Así que aunque me resulte difícil, voy a hacerlo. Así que, déjenme que les cuente por qué me parece importante implementar en su plenitud el gobierno de las Comunas en la Ciudad, tal como establece la Constitución porteña.

Como sabrán, este año además de jefe de gobierno y legisladores vamos a elegir, en internas abiertas primero, y en elecciones generales después, los 7 miembros de la Junta Comunal de la Comuna en la que vivimos. Son 105 juntistas en toda la ciudad. Es la segunda vez que lo haremos, en 19 años de autonomía. Hasta ahora nadie le ve mucha utilidad a esta elección. Incluso para muchos se trata de un gasto más de “la política”.

Sin embargo, la Constitución reservó para las Comunas un lugar relevante dentro del gobierno de los asuntos públicos de la Ciudad.

La institucionalidad de la Ciudad está a medio camino entre una intendencia y una gobernación, con el agravante de que para cualquier político que se siente en el sillón de Bolívar 1 es más redituable políticamente dedicarse a las tareas municipales que lidiar con los grandes asuntos de la ciudad.

Detengámonos un minuto a reflexionar sobre nuestra relación con el Estado porteño y veremos que es la relación más propia de un ciudadano con su intendencia que con su gobernación. Excepto en educación, para quienes mandan a sus hijos a una escuela estatal, y en salud, para la minoría de los porteños que usan el sistema de salud pública, en el resto de los temas relevantes el gobierno local tiene poca o nula incidencia.

Se me podrá decir que la gestión del Pro ha tomado medidas en las áreas de Seguridad, con la creación de la Policía Metropolitana, y en Transporte, con el sistema público de bicis y la implementación del Metrobus. Sin embargo, se trata de decisiones que –más allá de su impacto- han tenido baja incidencia en la solución efectiva de los problemas que los ciudadanos padecemos en ambas áreas. Más bien han servido para la promoción del gobierno y de la proyección de Mauricio Macri en el escenario nacional.

La gestión de la mayoría de los asuntos que más impactan en la vida de los que habitamos y transitamos la Ciudad están en manos de funcionarios nacionales que tienen la terminal de su poder político en otro territorio y que, por lo tanto, no están sometidos al escrutinio del electorado porteño. Además, suelen estar dominados por una visión de desprecio hacia los que habitamos este territorio, como si fuéramos los culpables de los males del país.

Los resultados están a la vista.

Por otra parte, muchos de estos grandes temas son generados o impactan al otro lado de la General Paz, con lo cual su resolución requeriría la intervención y articulación de un “gobierno de la región metropolitana”, que comprometa a los gobiernos de los dos lados.

En este marco, cualquier iniciativa que pretenda revertir esta situación y generar una articulación virtuosa entre los gobiernos de la Ciudad, de la provincia y de la Nación, necesita que el Jefe de Gobierno se desprenda de sus funciones municipales para asumir plenamente su rol de gobernador. Es aquí donde las Comunas pasan a ser una necesidad y recobran pleno sentido.

Las Comunas no son delegaciones del jefe de gobierno, que es como han funcionado estos 4 años. Son una instancia de gobierno independiente del gobierno central, con legitimidad de origen y con competencias muy claras (propias de todo municipio) otorgadas por la Constitución.

Mientras no se implementen de esta manera, cualquiera que sea jefe de gobierno va a estar más inclinado a ocuparse de los asuntos municipales, relegando la resolución de los temas centrales, sobre los que además podrá quejarse como un ciudadano más, ya que su gestión seguirá en manos del gobierno nacional.

Además de esta razón “institucional”, el gobierno de las Comunas contiene otros dos componentes centrales para cambiar la lógica con la que ha funcionado el sistema político local. Por un lado, las Comunas institucionalizan el principio de democracia participativa –de raigambre constitucional- con la creación de Consejos Consultivos Comunales, a través de los cuales las organizaciones de diferente tipo y los ciudadanos de a pie inciden en la definición de prioridades de la gestión comunal y en el control de su ejecución. Queda atrás la vieja idea del constitucionalismo liberal de que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes. Ahora delibera e incide en el gobierno de manera directa.

Bastas experiencias aquí y en el mundo demuestran que cuando los ciudadanos se involucran en la resolución de los asuntos públicos, la gestión de gobierno es mejor y menos corrupta, y da mejores respuestas. Pero para ello es imprescindible que la convocatoria a participar sea amplia, abierta y con reglas de juego democráticas. Solo así, las Comunas, podrán expresar la diversidad de actores que tienen en su seno y llegar a los consensos necesarios para la resolución de cada necesidad y de cada conflicto.

En segundo lugar, su Junta Comunal colegiada representa una excelente oportunidad para cambiar la forma de gobernar los asuntos públicos. Ya no dependerá de una sola persona ni partido político la resolución de los problemas barriales sino que las fuerzas políticas con relevancia en cada comuna –al formar parte de ese órgano de gobierno- van a ser co-responsables en la solución de problemas concretos que afectan la vida cotidiana de miles de personas que viven, transitan y usan la ciudad.

Se trata así de despolitizar el bache y el cuidado de las plazas. Los baches hay que repararlos bien y rápido, y las plazas tienen que mantenerse en buen estado y ser espacios de libre uso y goce. Asimismo, las políticas especiales (salud, educación, vivienda, hábitat, cultura, seguridad, etc.) podrán ser universales, pero a la vez específicas con relación a las características particulares de cada Comuna.

Como verán, tres muy buenas razones para exigir que esta elección de Comunas se transforme en una oportunidad para empezar a cambiar la gestión de lo público. E ilusionarse con la posibilidad de vivir en un país normal.


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